La importancia y la influencia de Sam Cooke, no sólo en la música, parece de vital importancia para entender todo el soul que vino luego, desde entonces y hasta nuestros días. Cuesta encontrar alguien en todo este tiempo con una voz similar. Su reinado fue corto. Comenzó joven en bandas de gospel para dar el salto a la música radiable en tiempos donde el single lo era todo. Se codeó en listas con el gran Elvis, vendió tanto a negros como a blancos, y a estos últimos se los cameló pero las desigualdades raciales de la época le llevaron a politizar el discurso como lo hiciesen otros coetáneos. Inició el "black power" codeándose con su gran amigo Muhammad Ali, Jim Brown y hasta con Malcom X. Eso le llevó a estar en el radar de las altas esferas americanas y como tantos otros en ese lustro acabaron muertos misteriosamente. De eso trata este excelente y conciso rockumental que no se va por las ramas y eso es de agradecer. Cuentan la ascensión de la estrella, sus conexiones políticas y su carrera como productor... lo incómodo de su figura a nivel social y como, al parecer, se teje una trama para acabar con él. La música, queda algo a un lado, está presente pero no se le da la importancia que a uno le gustaría. Se profundiza en lo social y en su muerte. Nada que objetar, el documental es notable. La presencia de Quincy Jones, Smokey Robinson, Dionen Warwick enriquecen el producto. Hasta la figura del controvertido y "timador" Allen Klein resulta interesantísima (menudo pájaro!). Bueno, no es el documental definitivo pero es muy recomendable... (ahora sonando en casa el tremebundo: Live at the Harlem Square... Tal vez el mejor directo de la historia...).


La primera temporada de Counterpart fue una maravillosa sorpresa. De mis series favoritas vistas el año pasado, así que la noticia de la segunda temporada me llenó de felicidad y de inquietud puesto que he visto muchas veces destrozar una serie estupenda en el intento de estirar el producto. No es el caso. Estaremos de acuerdo en que el efecto sorpresa se pierde pero también que la profundidad tanto de los personajes como de la complejidad de la historia va a más. En esta segunda temporada tenemos más acción pero menos ciencia-ficción. Queda todo en algo más de espionaje aunque dediquen un par de episodios, uno de ellos en retrospectiva, a explicar la creación de esos dos mundos paralelos, de como se crearon y porqué. JK Simmons vuelve a estar sobresaliente, sus dos Howard Silk son una maravilla y apreciamos las diferencias casi al mirarle a los ojos. La otra gran tiumfadora en esta segunda temporada es Olivia Williams, que está al nivel de Simmons, beneficiada por un mayor protagonismo y peso en la historia en detrimento de otros personajes que aquí se confirman como secundarios. No quiero destripar mucho la historia, Si os gustó la primera temporada disfrutaréis de lo lindo con esta segunda. La historia avanza sin mirar atrás y te atrapa sin compasión a un ritmo estupendo, sin bajar la guardia. Los nuevos personajes encajan y otros de los que se prescindirá en el futuro son una joya. La presencia de James Cromwell es un lujo, y su personaje vital. No os quiero spoilear nada pero los últimos diez minutos de serie son estupendos. Sí, debería haber una tercera temporada. Por favor, no se pierdan esta estupenda serie que para nada es publicitada incomprensiblemente puesto que es una de las mejores de estos últimos dos años. Inteligente, adulta y misteriosa. Deseando ver ya la tercera temporada..


WILD FITZ/ OLD BLUES (2019)/ OLD FIVE AND DIME

 

La nueva colección de canciones de Kevin O'Neal Fitzsimmons es oro puro, claro que como en el lejano oeste tenemos que ir buscando por ríos una pequeña pista para encontrar indicios de un buen filón, y sin duda este cantante country-folk oriundo de Austin, Tejas, y conocido comercialmente como Wild Fitz es eso, un filón musical. Desde que montó la banda, el amigo "Fitz" ha estado acompañado siempre por su buen amigo Evan Joyce y otros compìnches en lo que serían dos EPs: "Vanishing Race" en 2014 y "Old Death" en 2016 de los que nadie se hizo eco al menos por estos lares, y ha sido este año cuando en mi opinión Fitz da con la tecla, afirmando todo lo que apuntaba anteriormente, y firma una colección de canciones que son pura América. Hay en el disco baladas con esencia al viejo y grandioso Tito Neil, con ese aroma canadiense y esos ramalazos a lo que muchos llaman death-country aunque estos ramalazos sean mínimos puesto que el disco es bastante pausado y abundan en él los medios tiempos con algún que otro guiño honkytonquero. Es cuando el piano saca la cabeza cuando se pone todo más movidito, cuando le da por rocanrolear un algo, pero como digo la mayoría del disco transita por el mediotiempo, calzado con botas de espuela y mascando tabaco.


Wild Fitz - Old Blues (2019): 01.- Old Blues/ 02.- I Wanna Change My Religion/ 03.- You’re Not the Only One/ 04.- Bullroarer Morn’/ 05.- Guilty Party/ 06.- Put a Nickel in It/ 07.- Baltimore Mama/ 08.- Skin and Bones/ 09.- Old Five and Dime/ 10.- I Can’t Wait for Tomorrow.

Abre Mr Fitz con la canción que le da nombre al disco. Con ecos guitarreros a los Harrison, como si el Beatle George se hubiese mudado a Texas. Una maravilla de canción que nos pone en tesitura, que esta en la linea de otros grandes del género que gustan mucho por la Isla como el señor Gripka, cuando éste se pone en modo sencillo y no en plan country-progresivo... ya me entendéis. En cualquier caso, ya de primeras me engatusa. Sí, este tipo de disco sule gustar en el hogar nikochiano...  Todo se acelera un algo de mano del piano y el honytonk en "I wanna change my religion", un tema divertido y coqueto que de estar algo más countrificado podría ser digno de la vieja medicina del cuervo. En esa comparación se aproxima más si cabe "You're not the only one". Un temazo para el que escribe estas líneas. "Bullroare Morn" es un tema muy "decemberists" por decir algo... lo escucho y me recuerda...  mientras que "Guilty Party" es sencillamente maravillosa. Llegados al ecuador del disco nos damos cuenta que estamos ante un disco del os tapados del año, y que a poco que uno le de unas escuchas le llevará al huerto con facilidad. La divertida "Put a nickel in it" abre la segunda parte del disco en la que destacamos también "Baltimore Mama" y "Skin and Bones". "Old five and dime" es una preciosidad, bella y sensible, y el cierre con "I can't wait for tomorrow" deja un gran sabor de boca. No se pierdan este "Old blues" por favor, pues es fantástico.

*post aparecido originalmente en EXILE SH Magazine por Nikochan

En ocasiones se me hace difícil incluir películas dentro del llamado séptimo arte. Me explico. El otro día, bueno, una noche cualquiera pasada y, aunque no sirva de excusa, en un aburrimiento supino pude ver un producto de Netflix basado en un cómic con firma española, la de Victor Santos, Polar. Una película protagonizada por el siempre interesante Mads Mikkelsen, violenta y mala a más no poder. Horrenda y previsible, que gustará sin duda al personal falto de neuronas y con algún déficit intelectual. Dicho esto, después de verla consultando el móvil varias veces, me hice varias pruebas médicas para saber si mi cerebro había quedado afectado. Preocupándome en cierta medida por si mi buen gusto y criterio se había ido al garete víctima de aquel error de visionado. 24 horas después intenté remediar el error, intenté resetear el cerebro y volver a calibrar mis neuronas gracias a un film italiano, dirigido por Luca Guadagnino, con guión de James Ivory basado en una novela homónima de André Aciman, e interpretada magistralmente por un maravilloso y jovencísimo Thimothée Chalamet, que a su vez está secundado a la perfección por Michael Stulhbarg, Armie Hammer, Amira Casar.... y con música de Sufjan Stevens!!!! 

El film es seguramente lo mejor que he visto del séptimo arte en años. Cuesta pensar que tanto "Polar" como "Call me by your name" pertenezcan al mismo arte, al séptimo... pero no, uno es arte y otro es basura. Volviendo a la película, peliculón en este caso, nos cuenta un verano en la vida de Elio Pearlman. No un verano cualquiera, sino un verano de descubrimientos, confusión y amor. Contemplamos el enamoramiento de Elio, el juego y la seducción con Oliver. Sus preocupaciones, su "que dirán", su otro amor al que sabe que nunca podrá querer como a Oliver.... Poco que explicar de una película que debe ser visionada con tranquilidad, con la parsimonia que también nos ofrece este relato reflexivo y bello sobre la vida con un diálogo final entre padre e hijo que personalmente me emocionó. No sé que narices han pensado para tomar la decisión de realizar una secuela sobre Elio pero... Lo que nos queda es la sensación de estar ante una gran película con una historia maravillosa detrás, y una interpretaciones de lujo. Maravillosa.

Como muchas cosas en esta vida conocí a Zach Condon gracias a mi hermano Luis (aka Black Meeple). La especial e icónica voz de Condon le hacía especial, le dotaba de un sonido propio que a su vez se veía acentuado por la música de su banda: Beirut. En realidad, Condon es Beirut, y Beirut es Condon, pueden entrar y salir músicos pero todo gira alrededor de su figura, todo gira alrededor de sus composiciones y estilo. Como digo, mi hermano ya había saboreado su especial estilo en "Gulag Orkestar" del 2006 pero fue al año siguiente con "The Flying Club Cup" cuando su secreto pasó a mis manos, siendo para mí la canción "Nantes" la punta del iceberg, la puerta a un sonido especial, muy balcánico a pesar de ser oriundo de  Santa Fé, New Mexico. Después de aquel éxito en el panorama indie se dieron una larga pausa para volver triunfadores con "The Rip Tide", un muy buen disco con el que ya no acabé de conectar por estar un servidor en otros menesteres sonoros. De eso al olvido. Pasé de ellos y no les hice ni puñetero caso aunque en 2015 hablaran muy bien de ellos con su "No No No". Puede que por pensar que tengo una cuente pendiente con el señor Condon me haya decidido a darle una oportunidad a su "Gallipoli" donde sin duda sigue enfrascado en su personal mundo sonoro. Dotando de unos acabados muy interesantes obra del productor Gabe Wax quién ya ha demostrado sobradamente su talento con The War on Drugs o Fleet Foxes. Bandas con un sonido reconocible y propio y de talento indiscutible. 

Más allá de la personalidad de la banda, que la tiene, lo importante, siempre, siguen siendo las canciones y es ahí donde no acaba de parecerme redondo este nuevo trabajo. Durante sus quince temas vemos demasiados altibajos, claro que los aciertos son tan fantásticos que podemos mirar para otro lado con los más flojos. En la inicial "When I Die" vemos los sonidos característicos de la banda con un Condon cantando como si Morrissey fuese puesto de ácido. Llegan enseguida las dos mejores canciones del disco. Hablo del tema que le da nombre y de "Varietis of Exile", mientras esta segunda luce una guitarra divina en "Gallipoli" nos envuelve una atmósfera mágica propia de la banda.... Y luego en mi opinión viene la montaña rusa. Buenas y reguleras canciones a partes iguales. De las que sí, destaco "Corfu" y "Landslide". No es un disco perfecto, puede incluso que prescindible pero a todo que le demos unas vueltas podremos observar que Condon está saliendo del agujero de donde acabó incomprensiblemente metido. Saca la cabeza y dice "aquí estoy yo". Los fans de Beirut verán en "Gallipoli" un retorno notable lleno de matices y bella musicalidad, los no fans o no tanto vemos un disco interesante que merece más escuchas y que un servidor deja aparcado después de media docena de ellas hasta la llegada del verano, donde el mar, el sol y la playa puede que le hagan justicia. 

Beirut - Gallipoli (2019): 01.- When I Die/ 02.- Gallipoli/ 03.- Varieties of Exile/ 04.- On Mainau Island/ 05.- I Giardini/ 06.- Gauze fr Zah/ 07.- Corfu/ 08.- Landslide/ 09.- Family Curse/ 10.- Light in the Atoll/ 11.- We Never Lived Here/ 12.- Fin.

"In the Midnight  Hour"


Seguimos destripando esas pequeñas joyas en formato miniserie que nos da Netflix. Si la semana pasada os contaba las excelencias de "El método Komisky" con Michael Douglas y Alan Arkin, hoy toca deshacernos en elogios con "Muñeca Rusa". Siendo dos comedias no pueden ser más diferentes, siendo ambas cortas y sobresalientes. En el caso que hoy nos ocupa, nos encontramos con una idea vista mil veces y llevada a cabo a la perfección en aquella mítica película protagonizada por Bill Murray, "Atrapado en el tiempo" aka "el día de la marmota". Tanto allí como aquí tenemos a nuestro/nuestra protagonista atrapada en un bucle temporal que le hace vivir cada día lo mismo con pequeños matices. Nuestra protagonista, Nadia, una estupenda y perfecta Natasha Lyonne (vista en por ejemplo Orange is the new Black) , está atrapada sin saber cómo ni porqué en un bucle que empieza siempre en el lavabo del piso de una amiga donde se celebra la fiesta de su cumpleaños y a partir de aquí pasan muchas cosas pero siempre acaban cuando ella muere y vuelve al lavabo... donde suena siempre la magnífica canción de Nilsson "Gotta Get Up". Conforme pasan los episodios vemos muchas conexiones divertidas y la historia de la protagonista que encontrará en un extraño, Alan, una conexión loca y divertidísima que podría abrirles a ambos una respuesta y solución. El producto final es estupendo. Fresco, divertido e ingenioso. Sobretodo las muertes. Es una serie para un estupendo maratón. Otro acierto de Netflix.


BETTER OBLIVION COMMUNITY CENTER/  BETTER OBLIVION COMMUNITY CENTER (2019)/ DYLAN THOMAS

 

Siempre me ha parecido que Conor Oberst luce un talento, una genialidad y una hiperactividad asombrosas. En eso es muy parecido a M Ward o Jim James, un monstruo folkero. Sus dos últimos trabajos fueron en mi opinión sobresalientes a la par que complementarios. Su "Ruminations" y "Salutations" son imprescindibles para comprender su magia, para entenderle como artista. Definiendo en ambos casos su estilo, su paleta de colores. El geniecillo nebraskero se ha sacado de la chistera y sin previo aviso, casi en secreto, un disco que es toda una maravilla. Better Oblivion Community Center es el nombre de este nuevo proyecto de Oberst, y su colección de canciones la firma a dueto con Phoebe Bridgers bajo el mismo nombre de la banda. Las nuevas canciones tienen mucho pero mucho de Conor, pero realmente el distintivo, la diferencia, la magia... la pone la espléndida voz de Phoebe Bridgers que seduce de primeras y luego te da un buen revolcón. La californiana de tan solo 24 añitos, es todo un despelote vocal. Comenzó en el sello de su amigo Ryan Adams, de ahí a formar "Boygenius" y finalmente caer en los brazos de Oberst y firmar un disco excelente. Oberst consigue con sus nuevas composiciones una atmósfera melancólica mientras que Bridgers aporta la belleza y dulzura. Siendo la señorita Phoebe vital para este proyecto, sin Oberst no habría nada. De él sale todo, y su voz se complementa a la perfección con la de Bridgers, dándonos como resultado una decena de canciones bonicas del to. 


Better Oblivion Community Center - Better Oblivion Community Center (2019): 01.- Didn’t Know What I Was in For/ 02.- Sleepwalkin’/ 03.- Dylan Thomas/ 04.- Service Road/ 05.- Exception to the Rule/ 06.- Chesapeake/ 07.- My City/ 08.- Forest Lawn/ 09.- Big Black Heart 10.- Dominos.

La inicial "Didn't know what I was in for" define el sonido y la linea a seguir. Vocalmente de pelos de punta y con un folk moderné la canción te atrapa cuando entra Oberst y da el contrapunto vocal. Emotiva y épica. Simplemente maravillosa. "Sleepwalking" tiene algo noventero, me encanta. Oberst lo borda, estamos ante una de mis favoritas. "Dylan Thomas" luce guitarras smitheras y melodía redonda en la que vemos lo bien que empastan vocalmente ambos y donde hay conexión y buen rollismo. "Service Road" podría estar en cualquier disco de Oberst, es una marca de la casa. Un tema de diez. "Exception to the rule" es la que menos me gusta del lote, no por ser mala pero sí por desentonar un algo, por suerte no toman esos derroteros y con la preciosa "Chesapeake" retoman lo que para mi hace a este disco un imprescindible del año. "My City" luce unas guitarras estupendas, un duo popero estupendo que nos conduce a una de las canciones del disco, "Forest Lawn", y una de mis favoritas. Los dos últimos temas confirman lo sabido, que Oberst la ha vuelto a liar, que ha vuelto a dar en la diana y ya van tantos, tantísimos discos que podemos caer en acostumbrarnos y no darle importancia pero es que estamos ante un artista gigantesco. Como digo, la algo más oscura "Big Black Heart" y "Dominos" con su recitado radiofónico a lo M Ward ponen punto final a un disco estupendo. 

Hace un par de añitos esta película de serie B escrita y dirigida por Brian Taylor, autor entre otras de la película "Crank" y la serie "Happy!", lucía palmito en el festival de Sitges teniendo una muy buena acogida y pasando de boca en boca por fans del género de comedia/terror?. Cuenta esta peliculilla con dos importantes baluartes: Nicolas Cage y Selma Blair. Personalmente creo que ambos están fantásticos pero también algo desaprovechados porque sus personajes aún podrían dar más. Sin ser muy amigo de Cage, tengo que decir que podemos estar ante su mejor actuación en años pero como digo todavía podría haber sido la monda. El film, muy corto en metraje, tiene un absurda premisa: padres y madres que se vuelven de un día para otro tarumbas y quieren liquidar a sus hijos. En esas estamos, película con imagen de serie b y aroma a zombies pero sin ser serie b del todo ni hay presencia de caminantes. Eso sí, la violencia es explícita y no se corta un pelo, además no está exenta de algún toque de humor que hace que podamos decir que es como unas secuencias de Bugs Bunny pero sanguinarias. Puede que haya secuencias de mal gusto, puede que no conectemos, pero no podremos dejar de mirar la pantalla hasta el final de la película, un final muy pero que muy decepcionante, abierto y absurdo que hace que nos quedemos con un mal sabor de boca. Me recomendaron el film y no me ha disgustado pero tampoco es para tanto y desde luego no creo que vuelva a verlo en la vida. 

No suelo comulgar con las bandas que regresan a los escenarios dos décadas después de su separación puesto que sus nuevos trabajos no suelen estar a la altura de antaño y parece todo, más que otra cosa, una operación para llenarse de nuevo los bolsillos. Veinte años después de su última entrega con cara y ojos, The Specials vuelven al ruedo. Al parecer Terry Hall, Lynval Golding y Horace Panter han podido limas asperezas y han conseguido crear una nueva colección de canciones, dignas y fieles a la banda aunque lejos de la grandiosidad de su debut "The Specials" de 1979. Así pues tenemos al núcleo duro de los "Specials" con sí, Terry Hall, que desde "More Specials" no firmaba con el grupo. Y sí, es un disco reivindicativo, un disco fiel a los tiempos que corren por la pérfida Albion pero ya os digo que sin el punch de antaño. No es un disco fallido puesto que si lo firmasen jovenzuelos seguro que iría de boca en boca, lo firman unos vejestorios con  mucha clase y muchas expectativas y claro, igualar lo de sus dos primeros discos es imposible, sin más. Cuentan con dos incorporaciones de lujo: Kenrick Rowe y Steve Cradock, pero no consiguen darle en mi opinión el empujoncito que necesitaban. 

La inicial "Black Skinny Blue Eyde Boys" es molona, modernita y pegadiza pero tampoco es lo que buscábamos y por supuesto marca el tono de este retorno. Los dos siguientes temas "BLM" y "Vote for me" son tal vez lo mejor del disco. La primera de estas canciones es un recitado con una guitarras funkoide estupenda mientras que el segundo, ese "Vote for me", tiene un delicioso piano y un ritmo reggae que quita el hipo. Eso era más lo esperado, claro que conforme pasan las canciones nos queda esa sensación de sí pero no, de queríamos más y se quedó en poco, que no en nada puesto que el resultado final sí es interesante y contentará a los muy fans. Por ejemplo "The Lunatics" y "Breaking Point" son puro Britania pero ese toque de crítica al país, con toques de vodevil y rareza ya nos lo entregaron mejor Albar y sus chicos en "Merrie Land". De lo que queda, me quedo con "Blam Blam Fever", "10 Commandments" y por supuesto con "The Life and Times". No estamos ante un mal disco, ni ante un insustancial retorno pero al escuchar el disco solo te entran ganas de retomar su maravilloso debut, su POM, su gran y espectacular obra. El disco viene en una edición deluxe con canciones míticas en directo que solo acentúa la necesidad de retomar sus dos primeros trabajos. Retorno interesante pero no redondo.

The Specials - Encore (2019): 01.- Black Skin Blue Eyed Boys/ 02.- B.L.M/ 03.- Vote For Me/ 04.- The Lunatics/ 05.- Breaking Point/ 06.- Blam Blam Fever/ 07.- 10 Commandments/ 08.- Embarrassed By You/ 09.- The Life And Times (Of A Man Called Depression)/ 10.- We Sell Hope.

"Fire & Rain"


Reunir en una miniserie a Michael Douglas y Alan Arkin debería ser razón suficiente para no perderse tal artefacto. Más aún si sabemos que detrás de la serie encontramos a Chuck Lorre, haciendo un pequeño desvío hacia tragicomedia y dejándose de barbaridades como en "Dos hombre y medio" o tontunadas freak como en "Big Band Theory". Que dicha miniserie conste de ocho episodios y que estos no lleguen a la media hora también es una razón de peso, y si además añadimos los cameos de amigos como Danny DeVito, Susan Sullivan, Nancy Travis, Sarah Baker, Ann-Margret, Lisa Edelstein... El tono de la serie es claramente deudor del maestro Larry David. Tiene cierto toque indie, una mezcla extraña entre algo de Woody Allen y Jerry Seinfield. Esos diálogos absurdos en cafeterías... son una delicia. Luego están Douglas y Arkin, que ciertamente lo bordan. Son unos nuevos viejos gruñones. Darían sin duda el perfil para tomar el testigo de Lemmon y Matthau. Por ahí van sus personajes, su relación y su amistad. Douglas es Sandy Lominsky, un actor viejuno casi acabado que se dedica a dar clases de interpretación, y Arkin es Norman Newlander, su manager de toda la vida que recientemente se ha quedado viudo....  Y de eso va la serie, de la relación de ambos, de la vejez, la soledad y la familia... Una especie de "Grace y Frankie"... Maravillosa y carismática. No se la pierdan.


RYAN BINGHAM/ AMERICAN LOVE SONGS/ WOLVES

 

Un nuevo disco del cantautor de New Mexico Ryan Bingham siempre es una buena noticia. Más aún si rompe con un silencio que duraba ya casi cuatro años. Su último disco, su "Fear and Saturday Night" tenía la calidad de siempre. Una calidad altísima para ser sincero pero o a las canciones les faltaban alma o había síndrome de "piloto automático". La cuestión, es que mi relación con la música de Bingham es extraña. Sus canciones son buenas, su talento incuestionable pero siempre hay algo que hace que no me enamore del todo de sus discos. Puedo ser yo, claro está, pero siempre me pasa que tengo más ganas de que me guste de lo que realmente me gusta después. Siendo, como digo, aquel "fear" un gran disco a penas lo he vuelto a rescatar años más tarde, en cambio a su "Roadhouse Sun" del 2009 o a su "Junky Star" (2010), mi favorito de toda su discografía, sí que les he sacado el polvo. Con media docena de escuchas y vamos a más, me atrevo a decir a los cuatro vientos que Ryan ha superado el bache, que ha remontado y que su colección de canciones es magnífica. Hablamos de su mejor disco? creo que sí, el tiempo dirá. Puede que mucho tenga que ver compartir la producción con Charlie Sexton, o puede simplemente que le hayan visitado las musas pero desde luego estamos ante una colección de canciones con alma, con nervio, llenas de matices y variedad. Esa variedad, ese tocar varias teclas es la que proporciona una mejor experiencia. Rompe la monotonía que un servidor percibía en sus dos trabajos anteriores que como ya he dicho siguen siendo notables a pesar de todo. Hay algo de autobiográfico en esta colección de canciones. Reflexiones en voz alta, quejas políticas, tributos a amigos, familiares y artistas que le han marcado, y como siempre hay guitarras, hay nervio y americanismo por doquier. Sin duda estamos ante un disco que dará que hablar, en mi opinión un disco sobresaliente que con las escuchas y el tiempo va calando. Tal vez su mejor trabajo. 


Ryan Bingham - American Love Song (2019): 01.- Jingle and Go/ 02.- Nothin’ Holds Me Down/ 03.- Pontiac/ 04.- Lover Girl/ 05.- Beautiful and Kind/ 06.- Situation Station/ 07.- Got Damn Blues/ 08.- Time for My Mind/ 09.- What Would I’ve Become/ 10.- Wolves/ 11.- Blue/ 12.- Hot House/ 13.- Stones/ 14.- America/ 15.- Blues Lady.

La inicial "Jingle and Go" ya es un golpe sobre la mesa. A medio camino entre el salvaje oeste y el cabaret. Temazo de "Saloon" y coros muy del Exilio en la calle Mayor. Maravilloso tema que hace que abramos los ojos de par en par y así enlazar con la demoledora y rockera "Nothing holds me down". Ultravitaminada y bien engrasada. "Pontiac" abre con violines y recordando al "Jumping Jack Flash" stoniano pero luego se vuelve una tremendidad. Puro rock con la lengua fuera. "Love girl" baja revoluciones y nos da country. Maravillosa.....  La voz de Bingham se luce en "Beautiful and kind" y en "Situation Station" nos regala un tema más comercial, más fácil..más vendible entre aquellos que no acaben de conectar con estas sonoridades. Un tema más Adams (Ryan) que de Bingham.. pero sigue funcionando y engatusando. Llegados al ecuador del disco nos deleita con "Got Damn Blues", que es eso y nada más, un blues negroide y pantanoso que es de lo mejor del disco... y después nos ilumina con la belleza espiritual de "Time for my mind". Ambas son mis favoritas del disco. D eun disco que aún tiene mucho que ofrecernos. Por ejemplo y a destacar "Wolves" y "Blue", el rock agospelizado de "Stones" y ese final con "Blues Lady" donde la guitarra nos endulza la vida... Seguramente estemos ante el mejor disco de Bingham, seguramente este disco estará en muchas listas al final de año y sonará una y otra vez en el hogar nikochiano. 

Me habían hablado decentemente de esta película exclusiva de Netflix. Habían incluso metido en la conversación la palabra "culto", pero visto lo visto no pasa de peliculilla que roza el tostón y la poca originalidad. Otra distopía terráquea más. Otra película sobre la humanidad con toque ecologista. Otra película más que pasa sin pena ni gloria por mi salón. Los guionistas apuntan demasiado alto y creen tener entre manos un guión estupendo, que no es tal, y por supuesto tanto la dirección de Jonathan Helpert, como las actuaciones de Anthony Mackie y sobretodo, de la protagonista absoluta, Margaret Qualley, rozan lo regulero, insulso y monótono. Para un servidor una de las razones para ver la película, además de estar aburrido como una ostra justo en ese momento y que fuese un film de ciencia-ficción era la presencia de la bellísima señorita Qualley, hija de la maravillosa Andie MacDowell de quien sin duda ha heredado su belleza y sus preciosos labios pero no su talento, su chispa. A Margaret ya la vimos en The Leftovers pero su papel era cortito y sin profundidad, en cambio aquí tiene mimbres para construir algo pero se le escapa por el camino, a lo mejor no del todo por su culpa sino por lo mal llevada que está la historia, llena de tópicos cansinos y obviedades de guión. En cuanto al film, como digo no pasará a la historia. No sabe exactamente qué cartas jugar, qué explicar y se pierde por el camino cuando su arranque era más que prometedor. No hay química entre los actores, muy necesaria en este tipo de historias, no hay ningún momento memorable, no hay ninguna secuencia que enamore ni turbe. Plana, sin tensión, sin alma y sin chispa. Para olvidar. 
"Wish You Were Here"


Cuando el Cierzo sopla hay que estar atentos. Jesús susurró desde su amada Tudela. Apuntó un nombre y compartió el tesoro. Otra vez mil gracias Mr Burgaleta. "Bingo Trappers" debían ser uno de los secretos mejor guardados de la vieja Europa. El dúo holandés llevaba más de una década en silencio y un servidor nunca antes había escuchado nada sobre ellos. Desde ahora me declaro fan incondicional de Waldemar Noë y Wim Elzinga. Los de Amsterdam firman un disco de retro-rock sesentero con toques countriles y algún que otro ramalazo psicodélico que quita el hipo, mirando por el retrovisor a sonoridades beat. Todo tan bien cocinado... Todo tan suculento y en su punto que ya desde su portada se nos hace la boca agua. De esos discos que proporcionan calor inmediato, en el que su decena de canciones atrapan instantáneamente para dar calidez y bienestar a nuestras maltrechas almas y doloridos corazones. Canciones simples a primera escucha. Canciones a priori sencillas, como digo, herederas del pop sesentero más básico y directo, vestidas para la ocasión con unos discretos pero magníficos arreglos, en los que a veces sorprende el órgano, a veces los tambores o simplemente esa intencionada dejadez pre-garagera. Esa voz de otra década, esa voz destartalada con la esencia del viejo Ray Davies y, ese country suave y pop de Parsons que empastan a la perfección para darnos un sonido propio aunque ya conocido. Sin olvidarnos de las magníficas guitarras que nos envuelven y trasladan a otra época. Sí, puede que estos Bingo Trappers sean una banda retro, una banda anclada en sonidos pasados, sonidos a los que, no nos engañemos, volvemos una vez tras otra. 

"All the plain songs" con esos toques beat garageros de banda sonora de guateque abren este excelente disco. Sonoridades que nos recuerdan primeras grabaciones de Kinks y similares. Comparten con la banda de los Davies esa forma de narrar y ese sentido del humor tan característico entre líneas. "Precious Relics" sigue anclada en la década de los sesenta, pero no nos importa. Es más, lo disfrutamos, lo agradecemos. Esto en manos de un productor famosete con tendencia al soul-blues-garagero como Dan Auerbach sería dinamita pura. Tal vez le falta ese punto de cocción para llegar a más público pero la calidad está ahí. "Signs of Comfort" suena a clásico instantáneo. Estupenda. Mientras que "Down the road" tiene ese organillo tan "animal"... También tan "The Black Keys" de la primera época... "Marjory" me trae recuerdos a mil y una bandas de épocas pasada, podría firmarla cualquiera de aquellas bandas que adoro, así que me encuentro en un estado de eterno placer. Podríamos seguir alabando al disco pero creo que es mejor que nos dejemos de darle vueltas, os remanguéis y os pongáis a ello. "Don't Steal the line" es un temón de esos que ya no se hacen, dicen ellos que inspirado en "Quién teme a Virginia Woolf?". Sin duda es de mis favoritas y creo que de las mejores del lote. El inicio de Raise my profile" es fabuloso, y da paso a dos temas algo más americanos, más countruiles como "The Thin wild mercury sound" y "Homegirl". "Too many shortcuts" resulta perfecta para cerrar un disco que, no nos engañemos, no estará en el top ten de lo mejor del año, no porque no lo merezca, sino porqué pocos serán aquellos que le den una oportunidad. Y creedme, a la primera escucha os tendrán en el bolsillo. "Elisabethan" es retro, sí, y también maravilloso. 

Bingo Trappers - Elizabethan (2019)

01.- All the Plain Songs/ 02.- Precious Relics/ 03.- Signs of Comfort/ 04.- Down the Road/ 05.- Marjory/ 06.- Don't Steal My Line/ 07.- Raise My Profile/ 08.- The Thin Wild Mercury Sound/ 09.- Homegirl/ 10.- Too Many Shortcuts.



*Post aparecido originalmente en EXILE SH Magazine por Nikochan


La primera temporada de The Punisher gustó mucho en el hogar nikochiano. No era perfecta puesto que siempre es discutible el alargar la temporada con tantos episodios cuando si se comprimiese todo un poco a unos diez tendría más fluidez y ritmo, pero no nos quejamos puesto que otra vez, The Punisher, vuelve a engatusarnos a mamporrazos esta segunda temporada. Una segunda temporada que puede que ya sea la última. Nadie sabe que pasará pero la llegada de Disney con su propia plataforma, quién tiene los derechos de Marvel, ha provocado un tsunami en Netflix, ya que todas sus series de Marvel, incluida la magnífica Daredevil, han sido canceladas o pausadas para luego ser retomadas en futura poderosa plataforma. Y eso que se rumoreaba que el guión de Punisher 3 ya estaba acabado y que allí volvíamos a ver a Daredevil. Bueno,no hay que perder la esperanza sea en la plataforma que sea. En cuanto a la serie, todo sigue donde se quedó. Con un re-inicio maravilloso, violento y dinámico pero conforme vamos llegando al ecuador de la serie va perdiendo fuelle. Conforme la trama se agranda y salen nuevos y viejos personajes la cosa flojea para ser retomada espléndidamente en los tres episodios finales. Demasiado capítulos. Le vuelven a sobras tres o cuatro. Y todo es genial cuanta más violencia hay. Cuanta más acción y mamporros. Disparos y explosiones. Sí, The Punisher es así de simple, pero funciona. SI os gustó la primera temporada os gustará esta segunda.


DEER TICK/ MAYONNAISE (2019)/ HEY! YEAH!

 

De origen menorquín, esta salsa fría a base de esencialmente huevo emulsionado y aceite acompaña a cientos de platos, no solo a patatas y comida rápida. En realidad va con cualquier cosa ya sea ensalada, pescados, verduras... Es por eso que después de que Deer Tick publicasen el año pasado dos colecciones de canciones que casi nos provocaron un empacho por la cantidad de canciones, llamadas volumen I y II, con aquellas portadas tan lista de la compra, se hayan decidido por el ingrediente fundamental para unir todo aquello. Reconozco sin pudor que esos dos discos no eran tan buenos como un servidor deseaba. Había muchísimas buenas canciones pero la banda no se centró y no les salió del todo redondo ese exceso de material cosa que sí hacen en este nuevo disco, cogiendo alguna de aquellas canciones tuneadas por ellos mismos, otras clásicas de artistas míticos y algunas de nuevas. Una especie de disco curioso que nadie en su sano juicio debería perderse. Nadie que siga con detenimiento la carrera de John McCuley (el hombre detrás de Middle Brother,  Diamond Rugs y la banda que nos ocupa: Deer Tick) . Como digo, la banda de McCuley venían de hacer dos grandes discos. "Divine Providence" y "Negativity" que les llevaron a ser reconocidos aunque ya con "The Black Sessions" habían dejado clarito como se las gastaban. Volviendo a la "mayonesa".... Estamos ante una especie de disco recopilatorio, y no por eso debemos de ningunearlo pues casi todo lo que nos trae es magnífico. Nos encontramos con canciones de sus dos discos anteriores, unas cinco nuevas y lo mejor, varias versiones fantásticas.


Deer Tick - Mayonnaise (2019): 01.- Bluesboy/ 02.- Limp Right Back (Alternate Version)/ 03.- White City/ 04.- Old Lady/ 05.- Run of the Mill/ 06.- Strange, Awful Feeling/ 07.- End of the World (Alternate Version)/ 08.- Hey! Yeah!/ 09.- Pale Blue Eyes/ 10.- Memphis Chair/ 11.- Too Sensitive for This World/ 12.- Doomed from the Start (Alternate Version)/ 13.- Cocktail.

La inicial "Bluesboy" ya nos pone en la tesitura adecuada. Deer Tick en estado puro. Mejor imposible. De las "versiones alternativas", encontramos "Limp Right Back" que es preciosa, "end of the World" que nos trae a una banda autoversionándose a la perfección y sonando como nunca,  mentras que en "Doomed from the start" y "Cocktail", que cierran el disco, nos regalan una sonrisa eterna. Maravillosas ambas. Medios tiempos interpretados maravillosamente. De las versiones, qué decir? "Run of the mill" de Harrison me encanta, pero no aporta nada nuevo, solo ganas de volver a escuchar la original, lo mismo que con "Pale blue Eyes" de Lou. Sorprende el "White City" de los Pogues, tan canalla como la de entonces. La última versión es la de Ben Vaughn. Su "Too sensitive for this world" es de clase total. Y de las nuevas... pues ya hemos comentado que la inicial "Bluesboy" es sensacional, y "Old Lady" no le va a la zaga pero la mejor sin duda es "Hey! Yeah!", un pelotazo sencillo pero efectivo. "Strange, Awful Feeling" es preciosa. Muy folki, en la linea de Dawes, Wilco, Conor Oberst... y "Memphis Chair" es una instrumental para quitarse el sombrero. Poco que decir más de este disco. Seguramente no será el mejor del año, ni el mejor de Deer Tick pero sin duda sonará innumerables veces en el hogar nikochiano.